EL DÍA QUE CONOCÍ A LOLA

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Cuando crees que todo está perdido, cuando parece que la vida es una trampa, cuando el problema no parece tener solución y las cosas no hacen más que empeorar, de repente puede surgir la magia. Conocí a Lola en el tiempo extra de la prórroga antes del fin del encuentro Banco versus Beltrán. Ella llegó en el momento justo para salvarme y sacarme del atolladero en el que estaba metido, pero bueno no adelantemos acontecimientos.
¿Cómo conocí a Lola? Hay quien piensa que David, Jordi y yo somos socios del Llámame Lola, pero tengo que desmentir públicamente este rumor que más de uno se ha tragado. David, Jordi y yo tan sólo somos ejecutores de los sucios planes de esa que le gusta que la llamen Lola. Sí, lo reconozco, hace de nosotros lo que quiere.
Lola existe, Lola es real, es una persona física, no es producto de nuestra imaginación. Sólo la vemos una vez al año, el diez de Diciembre, la misma fecha que la conocimos. El encuentro fue propiciado, sin querer queriendo, por una hada madrina muy especial, Tina. Ella fue la que nos presentó. Tina sabía de mi situación y la buena química de trabajo que tenía con Jordi y David, sabía que los tres formábamos un buen equipo, por eso pensó que Lola podía ser la persona que tenía los medios para conjugar nuestros destinos en una empresa, como mínimo singular.
Volviendo al día que la conocí, yo venía de recoger aceitunas con mi padre y mi mujer. Las solíamos recoger en Diciembre, era una costumbre antes de abrir la Lola, ahora las recojo en Septiembre para aplastarlas e infusionarlas en ajedrea y pebrella para servirlas los sábados por el mediodía a Rafa, Edu y Curra. En fin, como estaba contando había quedado con Tina, Jordi y David a las siete para conocer a Lola. Así que después de ducharme, me fui adonde habíamos quedado.
Nada más verla, me di cuenta que tenía algo especial. Iba muy desarreglada, pero su encanto era patente: tez morena, labios sensuales, larga cabellera morena y una mirada profunda que te atravesaba el alma. Era muy joven, aún no tenía dieciocho, los cumplía el 21 de marzo del año siguiente. Iba en chándal, como si quisiera decir al mundo que no estaba para nadie, como ella misma nos contaría venía de pasar una mala racha. De hecho, por eso mismo necesitaba marcharse

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Ella era hija de un andaluz y una vasca. Su padre era un pescador de Zahara de los Atunes que en verano trabajaba de camarero para sacarse un sobresueldo y comprarse su propio barco. Su madre, en cambio, era una señorita bien de Bilbao que estaba veraneando en Zahara con la familia. Entre tapas, cervecita y fogatas en la playa a la luz de la luna se enamoraron. La familia no veía bien aquella relación, pero antes de que se fueran de Zahara su madre quedó embarazada, así que se acabaron casando. Tuvieron una hija, le llamaron Lola, como su abuela gaditana. Él se acabó comprando un barco y abrieron un bar en el mismo Zahara. Cuando Lola solo contaba con cuatro años su padre desapareció con su barco en una terrible tormenta. Su madre alquiló el restaurante. Volvieron a Bilbao con la familia de su madre. Cuando Lola tenía catorce años su madre empezó a salir con un apuesto americano. Cuando Lolita cumplió 15 años se fugó con el americano y un año más tarde su madre murió en un extraño accidente del que no puedo hablar y Lola abandonó al americano. Lolita con 17 años estaba a punto de heredar un buen pellizco de la venta del restaurante, realizada poco antes de morir su madre. Su tutora era Vicki, su única tía que estaba casada con un ontinyentí de cuyo nombre no quiero acordarme. El tema es que iba a heredar un buen pellizco y ella quería invertir en algo que le diera lo suficiente para irse a dar la vuelta al mundo en plan mochilero y no preocuparse de nada. La madre de Tina era amiga de la tía de Lola y a Tina, Lola, le caía muy bien, las dos habían congeniado. Y fue Tina quién dio la solución a todos. Tina alucinaba con Lola, cómo una cría de diecisiete años podía tener aquella personalidad y aquel carácter tan fuerte, sabía que Jordi, David y Beltrán iban a ser perfectos para lo que buscaba Lola.
Tres meses después, el día de la inauguración, el día de su cumpleaños, ella estaba mezclada entre la gente, guapa, con un brillo especial en los ojos, escuchó mi parlamento de inauguración y luego se marchó. Nos comunicamos con ella vía Skype y como decía, cada 10 de Diciembre quedamos para vernos, pasar cuentas y ella nos cuenta que ha hecho en este último año. Esa es Lola, una loca niñita de veinte años que recorre el mundo con una mochila a la espalda y una sonrisa de oreja a oreja. Si la vierais no lo creeríais. Pero ella es nuestra Lola.

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